
Conocí a Ms. John Soda, a través de la página de la gente de Morr (www.morrmusic.com), porque estaba buscando algún albúm de Lali Puna. Y aunque la historia de cómo conocí a Lali Puna es mucho más trascendente, sólo quiera compartir con ustedes el sonido de este grupo. Es una mezcla como de otro mundo, un sonido que para mí siempre ha estado vinculado con la gente del norte helado, pero al mismo tiempo, sumamente cercano, como si me leyeran el corazón, como si antes que yo, supieran algo que es como un sentimiento ordenado pero intenso, apasionado y a la vez racional, muy limpio.
A penas escuché una canción de ellos, encontré la manera de reconstruir su albúm primero, obteniendo retazos de millones de páginas. Eran un grupo tan poco conocido en ese momento, que sólo pude atrapar a ciertos fanáticos que dejaron sus archivos para compartir en Kazaa. A veces cuando los escuchaba y me golpeaba la luz del trópico en caracas, entreabría mis ojos, y me imagina que toda esa luz era un viaje por las estrellas y luego un baño de nieve… y luego un viento helado, y una marcha de pingüinos y en general, todo muy muy invernal.
Ayer trajinando la música de ji, descubrí que tenían un nuevo disco de ellos: Notes and the like, y hace un rato, me puse el ipod en el bolsillo y me lancé a la calle a escucharlo. Hands, bellísima, me hizo darme cuenta que ya no odio las noches de los inviernos, que son más oscuras y temibles que cualquier tristeza. La canción hasta me dio valentía para seguir y darme una vuelta larga, pese a que no hacen más de 4 grados en la calle.
Es increíble como las pequeñas resoluciones de nuestro cuerpo en conjunto con nuestra mente, se amplían, se intensifican y hasta se aclaran cuando la música llega y nos salva…
A penas escuché una canción de ellos, encontré la manera de reconstruir su albúm primero, obteniendo retazos de millones de páginas. Eran un grupo tan poco conocido en ese momento, que sólo pude atrapar a ciertos fanáticos que dejaron sus archivos para compartir en Kazaa. A veces cuando los escuchaba y me golpeaba la luz del trópico en caracas, entreabría mis ojos, y me imagina que toda esa luz era un viaje por las estrellas y luego un baño de nieve… y luego un viento helado, y una marcha de pingüinos y en general, todo muy muy invernal.
Ayer trajinando la música de ji, descubrí que tenían un nuevo disco de ellos: Notes and the like, y hace un rato, me puse el ipod en el bolsillo y me lancé a la calle a escucharlo. Hands, bellísima, me hizo darme cuenta que ya no odio las noches de los inviernos, que son más oscuras y temibles que cualquier tristeza. La canción hasta me dio valentía para seguir y darme una vuelta larga, pese a que no hacen más de 4 grados en la calle.
Es increíble como las pequeñas resoluciones de nuestro cuerpo en conjunto con nuestra mente, se amplían, se intensifican y hasta se aclaran cuando la música llega y nos salva…